domingo, 22 de marzo de 2015

Porque Bleach es para mí mucho más que un anime

Por Natalia Mitov

De izda a dcha; Chad, Rukia, Ichigo, Ishida y Orihime

Ya llegó el día. Después de casi 6 años, he acabado el anime de Bleach. Y sí, lloré. Lloré porque para mí, Bleach ha marcado un antes y un después en mi vida (ya sé que puede sonar exagerado, pero es así). Todo empezó una tarde que estaba en Messenger hablando con Andrea, mi mejor amiga y autora del maravilloso artículo sobre Birdman. Estábamos hablando de lo típico: gente de clase, películas, libros… y de repente me dijo que había empezado a ver anime. La verdad es que me sorprendió porque nunca había salido a colación el tema del anime y eso que obviamente ambas habíamos visto los típicos dibujos de la infancia como Digimon, Doraemon o Pokemon y yo por mi parte seguía Oliver y Benji, One Piece, Naruto y por supuesto Detective Conan. Pero volvamos al tema, que me voy por las ramas y no es plan. Pues eso, que Andrea me dijo que había empezado a ver un anime, y no uno cualquiera, sino uno que se merece el título de obra maestra: DEATH NOTE. Y así comenzó nuestra época de manga y animes, de expos y japans. Así comencé a ver no solo Death Note, sino también Bleach.

Yo ya tenía alguna idea de qué era Bleach, pues había jugado a un juego de Bleach para la Play y había visto algún que otro capítulo suelto en Animax y en Buzz. En ese momento, recuerdo que hubo un personaje que me llamó especialmente la atención, un niño con el pelo blanco y una espada de hielo. Más tarde, le pondría nombre: Toushiro Hitsugaya y pasaría a ser mi personaje favorito de Bleach y probablemente de todos los animes que he visto. Lo que iba diciendo, empecé a ver Bleach en Series Yonkis. Ay, qué magníficas y calurosas tardes he pasado en mi buhardilla viendo a Ichigo, a Rukia, a Chad, a Ishida y a la inútil de Orihime luchando contra hollows (espíritus malignos que devoran almas) en el mundo real.

Toushiro Hitsugaya

Todo bien hasta que ocurrió una cosa: demasiados hollows. Ya empezaba a cansarme de la misma dinámica de siempre. Día normal, de repente aparece un hollow e Ichigo y sus amigos le vencen. Menos mal que ocurrió algo, algo que hizo que me enganchara totalmente a Bleach: la aparición de Byakuya y Renji en escena. Parece que no, pero esta simple intervención marca el inicio de la etapa dorada de Bleach, que es la parte del Seireitei (el lugar en el que viven los capitanes), donde aparecen los capitanes shinigami con nombres y apellidos y sus poderes, donde se empieza a desarrollar la verdadera trama de la serie (un saludo a Aizen) y donde por fin se puede ver que entre Ichigo y Rukia hay algo más (jódete, Orihime). Una parte cargada de emociones y de giros inesperados que es imposible que te deje indiferente. Es en ese momento cuando eliges a tus personajes favoritos y cuando te das cuenta de que ya no puedes dejar de verlo, NECESITAS MÁS.

Sin embargo ocurrió algo, algo que no pasa en el manga, algo que hizo bajar estrepitosamente la calidad del anime. Hablo por supuesto de la saga de los Bound, una especie de vampiros creados por el Departamento de Investigación del Seireitei que succionaban almas o algo así, ni siquiera me acuerdo bien. Lo que sí tengo claro es que fue un error. Era aburrido, no aportaba nada a la serie y para colmo era relleno; no existía en el manga que es la base de la serie. Se nota además el poco éxito que tuvo esa parte del anime ya que en España dejaron de emitirlo (todos los capítulos estaban en español hasta el relleno de los Bound, donde lo cortaron). Ése es el principal problema de Bleach, que sus rellenos no son siempre de calidad.

Total, el anime volvió a su cauce y a la calidad a la que nos tenía acostumbrados con la saga de los Arrancar. Vuelve el malo principal y no lo hace solo; es más, trae secuaces equiparables a los propios capitanes: los Arrancar y los Espada. Los primeros son hollows que han adquirido poderes de shinigami y los segundo son la élite, los más poderosos. Entre ellos encontramos a dos que destacan no solo por su poder, sino especialmente por su forma de ser. Por un lado, está Ulquiorra, un Espada silencioso con aspecto de emo que, personalmente, me recuerda a L de Death Note y, por otro lado, tenemos a Grimmjow, el chulo y el malote del grupo. Dos joyas de personajes. No obstante, también hay otros puntos que hacen de la saga de los Arrancar una de las mejores del anime. Y es que incluye la saga del Péndulo, donde podemos ver a los shinigami de jóvenes, descubrir que lo que estamos viendo venía cociéndose desde hace por lo menos un siglo y conocer a las primeras víctimas del plan diabólico de nuestro malo. Eso por no hablar de la batalla final donde encontramos luchas espectaculares y sentimientos encontrados como la traición a los amigos, la lealtad a aquellos que nos han hecho daño, el amor por los que nos han abandonado, el deber de proteger y vengar a nuestros seres queridos… simplemente es brutal.

Grimmjow y Ulquiorra

El resto de sagas son más secundarias, aunque no niego que hay alguna muy curiosa como la de los Xcution y sobre todo la de las Zampakutou. Yo personalmente adoro esa parte de Bleach porque podemos ver a las espadas personificadas y apreciar sus distintas personalidades. Así en parte, podemos entender por qué sus dueños son como son y por qué tienen esas zampakutou (espadas de los shinigami) y no otras y, sobre todo, podemos apreciar la fuerza del vínculo entre shinigami y zampakutou, cómo se conocen y cómo se compenetran para la batalla.

Todo esto y mucho más ha hecho que Bleach se haya convertido en mi anime favorito. De ahí que haya tardado tanto en terminarlo, quería alargarlo lo máximo posible, pero todo llega a su fin y cuando lo hizo sentí como si cerrara una etapa de mi vida, como si ahora tuviera un vacío en un lugar donde antes había algo (todo aquél que haya acabado una serie o un libro que le apasionaba podrá entender a qué me refiero). Por eso mismo empecé a leerme el manga, pero ocurrió algo aún mejor: leí comentarios de gente que decía que supuestamente iban a volver a retomar Bleach ahora en 2015. Ojalá sea verdad y pueda volver a engancharme a ese anime que ya forma parte de mi vida.

 
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